Namba es el más turístico de los dos porque contiene el centro histórico de Osaka (una sola calle de un metro y pico de anchura y menos de cincuenta de longitud); y también el río Dotombori, cuya ribera es sitio ideal para tumbarse en el suelo a jugar al tenis en un entorno de película de ciencia ficción.
Sin embargo a mí me gusta más Umeda. Quizás por su estética cutre, quizás porque no atrae a tantos guiris, o quizás simplemente porque estoy acostumbrado: casi todos los días paso por aquí al venir a la biblio, y además es el punto natural de entrada al centro desde el barrio periférico de la zona norte de Osaka en el que vivo, al otro lado del sucio río Yodo.

El origen de esta zona como centro del entretenimiento, los papeos y los negocios es el típico. En un principio, aquí no había nada, se terminaba la ciudad, hasta que pusieron una estación (como la Estación del Norte que hay al sur de Valencia). Una estación que comunicaba Osaka con Kyoto, Kobe, Tokyo y todos los otros sitios del norte de Japón. A raíz de ello empezaron a surgir rascatas y estaciones de tren de manera aparentemente aleatoria. Rascatas y estaciones de tren, y no edificios antiguos y comercio tradicional, por ejemplo, son los dos elementos que caracterizan el centro de cualquier ciudad japonesa.
En resumen: más de una decena de estaciones de tren, autobús, metro, taxi, cercanías, etc. cada una de ellas del tamaño de Atocha, en un espacio de menos de un kilómetro cuadrado. Alrededor de ellas, un verdadero enjambre de pasillos, pasarelas peatonales, túneles, callejuelas y galerías. Algunos de esos pasillos son sólo galerías comerciales pijas que imitan el estilo occidental (incluso existe una pasarela subterranea de tiendas de ropa que tiene el suelo empedrado y fuentes iluminadas para que te creas que estás pirulando por el centro histórico de Roma o París en vez de bajo tierra en el centro de la ciudad más fea del mundo). También existe lo contrario, túneles siniestros en los que hay antros maravillosos para comer por un precio asequible, negocios de dudosa moralidad, comercio de barrio en el que siempre hay lugar para los venerados pachinkos.
Algunos de los lugares de interés que hay en Umeda o cerca de Umeda son; el rascata Umeda Sky Biru, el más famoso de la ciudad , al que subí en navidad para complacer al venerable señor Go; el edificio atravesado por una autopista; la Biblioteca de Nakanoshima, desde donde se escribe este blog.
Pero fundamentalmente, mi lugar preferido son unas oxidads pasarelas peatonales de estética setentera que sirven para cruzar por arriba la avenida Mido-suji, arteria que cruza Osaka de norte a sur.
Esas horribles pasarelas sin interés aparente constituyen en realidad una especie de micromundo, una sociedad paralela en la que personajes de variada índole realizan actividades que en la parte de abajo de la ciudad, en la parte donde se vive al día, no estarían toleradas o no serían entendidas. Actividases tan diversas como conciertos de rock callejeros, abrazos gratis, venta ambulante de objetos realizados por uno mismo, adivinación del futuro, reparto de panfletos propalestinos, oraciones budistas a cambio de pasta, viviendas ilegales céntricas y con buenas vistas.
En una ciudad sin plazas como Osaka, estas excelentes pasarelas superan la vulgar función para la que fueron construídas y se convierten en un nucleo fundamental de la cultura popular de la urbe, espacio de convivencia de personajes de clases sociales distintas.

Lugar estupendo para tomar unas chelas en plena calle y disfrutar de la estupenda música gratuíta todos los días del año, entre pordioseros, ininterrumpidamente desde la hora de comer hasta la media noche, sin necesidad de que la Generalitat de Osaka-fu tire cientos varios millones de yenes a la basura para traer a la ciudad a un puñado de patéticos grupos británicos.

En cuanto a mí, estoy de vaciones durante un mes porque empiezan las vacaciones de fallas en mi escuela. Todo el mundo espera ahora que florezcan los cerezos, lo que significará la llegada definitiva del calor y la oportunidad de lanzarse en masa a los parques para emborracharse en familia o con otros pordioseros. No sé si entre viajecito y viajecito tendré tiempo de seguir escribiendo, pero lo intentaré seguro.
Van a ser casi seis meses en Japón, y mi segundo trimestre estudiando este idioma extraño. En el nivel de los intermmedianamente imbéciles, he alcanzado la cuarta posición de clase en los exámenes de final de periodo en un grupo de 13 personas (todos ellos chinos que por tanto entienden los kanji), once de las cuales llevan un año o más estudiando en la misma escuela, es decir, el doble que yo. Está bastante bien, pero podía haber sido mejor si no hubiera pinchado en el examen de oreja-entender, en donde me quedé con un pobre 51 por ciento (en todos los idiomas que estudio, mi punto débil siempre es oreja-entender).
En el resto de los exámenes he arrasado, incluyendo un 96 en conversación, el más alto de la clase, y un 97 por ciento en gramática, el más alto empatado con otra persona.
Es un alivio descubrir que pese a los cientos de miles de tajas y tosos los golpes en la cabeza sigo teniendo una habilidad especial para entender intuitivamente la gramática de cualquier lengua extranjera que estudio.
No es por presumir, hay quien tiene talento para la pintura, a otros se les da el piano, yo además de esa capacidad tengo un talento especial para perder cosas y para desordenar sin darme cuenta todo lo que hay a mi alrededor.