Pereza intelectual. Cada vez estoy más convencido de que la estupidez del 90 por ciento de las personas tiene como razón la pura vagancia. No me refiero a la vagancia física, fundamentada en el principio de conservación de la energía, que a su vez rige a las criaturas en comunión con el medio en el que viven (entre las que no se encuentra el ser humano). Me refiero a la incapacidad de pensar por sí mismo para que la propia vida sea mejor, incluso aunque solo sea para pensar formas de ahorrar energía. Pensar apenas cansa. Sólo después de un esfuerzo intelectual realmente grande se siente el cerebro agotado. Además es gratis. Pero si no se piensa, el cerebro se oxida, y se hace cada vez más imbécil, y uno acaba creyendo todo lo que lee en los periódicos y lo que dice la televisión.
Estos días estoy de exámenes. La mayoría de mis compañeros terminan en 10 minutos exámenes que a mi me cuesta sudor y esfuerzo completar en media hora. En vez de repasarlo un poco, lo terminan enseguida y se quedan mirando a la pared con cara de imbécil. En esos momentos, me entra la paranoia y creo que soy el tonto de la clase por tardar tanto y que me van a suspender; pero luego, cuando devuelven los examenes corregidos, la mayoría de la gente tiene notas pésimas con errores de niño pequeño, errores que se podrían haber evitado pensando sólo un poco, pero eso se la trae totalmente sin cuidado. Cometen los mismos errores de idiota una y otra vez.
La mayoría de mis compañeros (casi todos chinos) son tipos trabajadores, capaces de hacer incluso dos curros a la vez mientras estudian, pero totalmente incapaces de pensar por sí mismos. Últimamente la profesora ha inventado un sistema según el cual se pagan 500 yenes por error estúpido, siempre que sea un fallo tonto y algo que la profesora haya advertido mil veces. Con el dinero de las multas, cuando termine el curso nos iremos de barra libre de papeo y cervezas. Ya se han reunido más de quince mil yenes y yo soy una de las tres personas de un grupo de quince que no han pagado todavía. Algunos han pagado varias veces por el mismo error infantil. Me van a sufragar entre todos una proverbial taja.
El típico individuo que estudia en mi escuela es alguien sin objetivos, ni ideas de ninguna clase, ni motivación en la vida, excepto alguna del tipo "me encantan los juegos de ordenador" o "en el futuro me gustaría tener mi propia tienda de zapatillas adidas y nike". A casi ninguno le gusta la comida japonesa, considerada por los expertos como la más sana, deliciosa y variada del mundo. Todos están descontentos con su vida, pero no hacen nada para cambiarla y van pirulando por ahí con cara de agonía, inexpresivos como zombies, como si su existencia fuera un suplicio (y eso que son jóvenes, si fueran viejos verían). Algunos de ellos no han ido nunca al castillo de Osaka, y la mayoría no han estado en Kyoto ni Nara. Hay un tipo que tiene 24 años y lleva 7 en Osaka estudiando ya en la universidad y jamás ha ido a Nara (a 40 minutos en tren, menos de 10 euros ida y vuelta, 8 edificios patrimonio de la humanidad y más de diez mil ciervos domesticados pululando por libremente por un parque).
Estoy seguro de que muchos de ellos, con veintipico años, no se han tajado en su vida, ni salido jamás con una chica, ni hecho nada ilegal durante toda su juventud. Se pasan el día jugando al hijoputa con sus camisetas del Valencia, aunque si les preguntas sobre el Valencia, no tienen ni idea de qué es porque lo conocen por otro nombre totalmente distinto, adaptado al chino. Los fines de semana practican unas fiestas gays en las que se meten 5 feos sin camiseta en un solo cuarto, juegan a la consola, beben té o zumo y hablan en voz alta como si estuvieran enfadados.
Yo, sin embargo, tengo nuevas ideas para hacer mejor la vida de los seres humanos. En el Chino Muerto propongo algunas soluciones fáciles para temas complicados que la humanidad no acaba de resolver. Tengo la fórmula para solucionar el problema vasco. Para mejorar la calidad de vida de los trabajadores. Un largo ertcétera. Lo último que se me ha ocurrido es que se debería inventar una chela de 60 o 70 grados de alcohol, una especie de chela definitiva, superstrong, para situaciones extremas, que con sólo una chela pillaras pillaras un coma etílico ahorrando los pasos previos. ¿Piensan los lectores que esa idea sería positiva o creen que la belleza de una taja no está en el resultado en sí sino en el proceso? Sáquenme, por favor, de dudas.
Este fin de he hecho un viaje excelente a un pueblo arrocero tan aislado en las montañas japonesas que conserva gran parte de su cultura intacta desde hace cientos de años. Con los famosos 12.000 yenes de Aso, nos hemos alojado en una de esas pintorescas casas que a los japoneses recuerdan la forma de unas manos rezando, y que ofrecen un menú explusivamente con productos recogidos en el pueblo o en los pueblos de alredededor, como pescado crudo de río (fresquísimo, delicioso), trucha asada en la chimenea tradiconal en medio del salón, sake casero (rico rico), verduras frescas cultivadas por la propia dueña de la casa y el delicioso arroz recogido en los campos de alrededor de la posada. Gokayama. Ya ofreceré un reportaje detallado en futuras ediciones del blog.
Este próximo fin de semana me presento al JLP, examen oficial de japonés que hace el gobierno. Me presento al nivel 2, de 4, siendo el 1 el más elevado y el 4 el más fácil. Si apruebo el 2, cosa que supongo que sí, por los ensayos nucleares que he realizado últimamente, en diciembre me presentaré al nivel 1, el de maestro absoluto del japonés, aunque ese ya es más difícil. En realidad, no me preocupa demasiado, lo que me preocupa es el dolor de mano y de cerebro después de hacer un examen de unas 4 horas de duración. Encima un domingo por la mañana, lo que es sinónimo de una resaca segura. Quiero ser uno de los pocos elegidos que aprueben el examen estando de resaca. O borracho, a lo mejor tendría que beberme unas strong antes de hacer el examen y ver que pasa.
Para acabar, y para contentar al populacho sedieno de carne. En la web de mi escuela, se pueden ver unas fotos de mi clase, incluida una foto en la que se ve un trozo de mi cabeza desde atrás, así como las fotos de mi clase en la última graduación, en marzo. Fotos que no tienen ningún interés, pero que incluyo en respuesta a la avalancha de peticiones registradas últimamente.